Señor Jesucristo, haz que con deseo ardiente me precipite a escuchar la
Palabra de Dios,
y haz que no rechace a los que ya se han acercado;
haz que sepa estar junto a las aguas, no dentro de las aguas de la vanagloria;
que suba a la navecilla de la obediencia y que baje a tierra por la humildad;
que lave las redes del deseo de la predicación y de las buenas obras de toda avaricia, vanagloria y adulación;
que sepa repararlas mediante la armonía de las sentencias; que las seque con la claridad;
que las recoja por cautela y no por pereza;
que no las rasgue por las divisiones; que aleje de la tierra la nave de la religión y permanezca descansando en ella.
