Yo tengo un hábito, blanco como una vida que empieza, y,
como un grito de muerte lo cubre una capa negra…
Y es perfecto; que al mirarlo, vida y muerte se hermanan, y
se amigan, y se besan, y no es ya la muerte signo de terrores y tristezas, no
es ya ni muerte tan solo, que es, ¡puerta de vida eterna!
Yo tengo un hábito blanco, blanco como una vida que empieza,
que por amor a la muerte se cubre con capa negra.
Vida y muerte de la mano juntas por la misma senda… ¡que meditación
tan honda mi cuerpo sobre sí lleva!
La muerte, con sus abismos… La vida con sus promesas…
Blanco es el hábito mío lo mismo que la azucena, y negro
como la noche de huracanes y tormentas…

